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Vivir de guardia: las historias del equipo detrás de los trasplantes

Los miembros del servicio de trasplante renal del hospital Argerich realizan cuatro operativos por mes.

Vivir de guardia: las historias del equipo detrás de los trasplantes

En 1989, Rubén Schiavelli se sumó a la División de Ablación e Implante de Órganos del hospital Argerich, que en ese entonces tenía dos años de vida. De ese grupo surgiría la idea de crear el Instituto de Trasplante de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CABA). Él mismo recuerda: “Cuando lo creamos estuve un año y tres meses de guardia. Los nefrólogos, aunque no somos cirujanos, también estamos en el quirófano controlando al paciente. Casi no dormía y trabajaba a un nivel de locura absoluta. Iba a todos lados con dos radios y dos de esos celulares grandotes grises: parecía que andaba armado.” . Hoy, es el jefe de la División de Nefrología y Trasplante Renal de esa institución.

Schiavelli agrega: “Un trasplante es una cosa tan minuciosa que hace falta una gran comunicación: hay muchos factores interviniendo”. Por eso, el trabajo en equipo es clave.

El médico de guardia es quien recibe la noticia de la existencia de un potencial donante (que puede estar en cualquier lugar del país), para un potencial receptor (un paciente del Argerich que también es posible que se encuentre en otra provincia).  “Se avisa primero a los coordinadores médico y quirúrgico, quienes deciden in situ si el trasplante se hace o no”, explica Schiavelli. Luego, se convoca al paciente y cuando llega al hospital se toma la decisión según sus antecedentes y cómo está en ese momento (si está resfriado, por ejemplo, no puede trasplantarse).

El paso siguiente es chequear la compatibilidad entre donante y receptor, no sólo sanguínea, sino de edad y tamaño, entre otros factores. “Idealmente, el tiempo que pasa entre que se saca el riñón y se trasplanta debe estar por debajo de las 15 horas; aunque en la Argentina transcurren en promedio 23”, comenta el profesional.

En una hora, los médicos deciden si aceptan o no al donante y luego se calculan dos más entre que se llama al receptor y llega al hospital; otras dos para análisis, y cuatro si el paciente necesita dializarse. Eso, si todo funciona según lo previsto.

Fuente: La Nación.

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