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Trasplante renal: ¿por qué es tan importante tener cuidado con el potasio y el fósforo?

El efecto más peligroso es sobre el corazón, ya que pueden producir arritmias.

Trasplante renal: ¿por qué es tan importante tener cuidado con el potasio y el fósforo?

Es fundamental que los pacientes en diálisis sigan una dieta adecuada, que asegure el mínimo aporte de fósforo y potasio. En condiciones normales, estas sustancias se eliminan por la orina. El paciente con insuficiencia renal, especialmente en hemodiálisis, pierde la capacidad de eliminar de forma adecuada el potasio y el fósforo, y por ello debe controlar lo que ingiere para evitar que los niveles de los mismos aumenten en sangre.

El potasio se encuentra principalmente dentro de las células, y es una molécula fundamental para la comunicación entre los nervios y los músculos. Es por ello que las alteraciones de los niveles de potasio suelen producir síntomas a nivel del músculo, incluido el músculo cardíaco. Los riñones son capaces de regular estrechamente los niveles de potasio hasta fases avanzadas de la enfermedad renal, y es entonces cuando se hace necesario controlarlo en la dieta.

Los niveles altos de potasio son perjudiciales de forma más inmediata que los de fósforo. El efecto más peligroso es sobre el corazón, ya que pueden producir arritmias e incluso conducir a una parada cardíaca.

Un síntoma clave para sospechar que el potasio en sangre está elevado es la presencia de debilidad muscular y calambres cuando se aproxima el día de la diálisis. También puede producirse adormecimiento de las extremidades, e incluso parálisis.

Por su parte, el fósforo es un mineral que actúa junto con el calcio para la formación y mantenimiento de los huesos y dientes, e interviene en la función de los nervios y los músculos. Cuando disminuye la función renal, el organismo no puede mantener el equilibrio de fósforo y calcio. Por un lado el riñón no es capaz de eliminar el fósforo de forma adecuada, y por otro, pierde la capacidad de fabricar Vitamina D, la cual es muy importante para asegurar unos correctos niveles de calcio en el organismo.

Debido a este desequilibrio, el organismo no puede eliminar el exceso de fósforo ni absorber suficiente calcio, por lo que los niveles de fósforo aumentan mientras disminuyen los de calcio. Para tratar de corregir este desequilibrio, unas pequeñas glándulas que existen dentro del tiroides (las glándulas paratiroides) se encargan de producir una hormona llamada PTH.

Esta hormona tiene como función intentar regular ese desequilibrio entre calcio y fósforo, pero lo hace a costa de “robar” calcio a los huesos, y como consecuencia éstos se debilitan. Es frecuente que los niveles elevados de fósforo produzcan picores, dolor de huesos o articulaciones y huesos quebradizos. Por otro lado, el fósforo elevado favorece la aparición de calcificaciones en los vasos sanguíneos y fuera de ellos. Esto aumenta el riesgo cardiovascular de forma importante, el cual ya de por sí está elevado en los pacientes con insuficiencia renal, y en muchos de ellos está potenciado por el efecto de la diabetes, las alteraciones en los lípidos (colesterol, triglicéridos), o la hipertensión.

 

 

Fuente: Fundación Renal

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